Mateo Rebolledo Lavalle, ejemplo de amor y de sueños que se cumplen

El 18 de marzo de 1996 la vida de Bernardo Rebolledo y Lizeth Lavalle dio un vuelco total, su hijo Mateo venía al mundo, con una condición especial, síndrome de Down. “Nos derrumbamos, lloramos, pensamos que nunca volveríamos a ser felices, hasta llegamos a pensar que no veríamos sonreí a nuestro bebé en la cuna”, recuerdan. El resto hoy es historia, porque gracias a Mateo son los padres más orgullosos y felices del mundo.

“Fuimos privilegiados porque supimos cuando tenía 6 meses de embarazo, que algo pasaba, el médico nos dijo que tenía unos quistes y que se asociaban con síndromes somáticos, empezó un proceso de exámenes de todo tipo, que demoraron 20 largos días de entrega, fueron eternos, hasta que nos dieron el diagnóstico, a partir de ese momento empezamos a prepararnos y a vivir los momentos más intensos de nuestra vida”, afirmó Lizeth la mamá de Mateo.

A los 40 días de nacido, Mateo ya estaba en una cita para trabajar su parte terapéutica y cognitiva. A partir de ese día, Bernardo y Lizeth tuvieron claro que su prioridad era apoyar a Mateo. “Desde el primer día lo amamos con el alma, y queríamos que él fuera un ser humano feliz, hoy estamos seguros que lo conseguimos”, afirman emocionados.

Mateo siempre se ha destacado por tener grandes sueños y metas, cuando tenía escasos cuatro o cinco años de edad y acompañaba a sus padres a llevar a su hermano menor Santiago al colegio, afirmaba que él estudiaría ahí, y así se cumplió, porque a sus padres los llamaron de la institución donde estudiaba para sugerirles que lo cambiaran de escuela, su capacidad estaba más desarrollada que las de otros niños y eso ocasionaba que él se retrasara, por eso probaron en el Colegio Italiano Galileo Galilei donde estudiaba su hermano, allí empezó hacer una transición que lo ayudó a tener más empatía con la gente, se graduó de primaria con honores, el cariño de profesores y estudiantes.

En el 2017 se graduó de bachiller académico con honores también del colegio cristiano El Shadai, fue para esta época que afianzó su amor por la fotografía, le dijo a su familia que no quería fiesta, solo una cámara buena para tomar fotos. Hicieron una lluvia de sobres y llegó la tan anhelada cámara.

En el 2018, gracias a su designación como Rey, entra a formar parte de la ‘Fundación Semillero de la Cumbia’ y se convierte en gestor cultural con la creación de la cumbiamba ‘Mi pedacito de Muelle’, ritmo folclórico que lleva en el corazón, formada por 10 parejas de niños.

Durante el Carnaval desarrolló más sus habilidades para la fotografía, y con su lente empezó a captar los mejores momentos de hacedores, reinas, disfraces, grupos y personajes que hacen parte de nuestra Fiesta. En el 2019 estuvo nominado en tres categorías del Concurso de Fotografías ‘Mira al Centro’, obteniendo el tercer lugar en la categoría primer plano entre más de 1200 participantes.

En este mismo año, lo invitaron a participar como actor en la serie ‘La invencible Esthercita’ del Canal Regional Telecaribe, que se presentó con gran éxito en el horario estelar de la noche desde el mes de febrero.

Y ahora en el 2020, participó en el Concurso Nacional de Fotografías del Carnaval de Barranquilla que apoya el Banco de Bogotá, según sus propias palabras “Fue la experiencia más linda que he tenido, estuve en plena vía 40 con todos los fotógrafos de la ciudad, para mí el Carnaval es tradición, es alegría, ahí puedo moverme, reír, disfrutar, cuando vi los disfraces y la gente me emocioné mucho, y empecé a tomar fotos, fotos y más fotos”.

De esta experiencia tiene una colección de más cien imágenes que atesora su familia como recuerdo de uno de sus sueños más preciados y de una experiencia maravillosa que disfrutó con su padre, que a sol y sombra lo acompaño en los registros más coloridos y alegres como amateur de la fotografía.

Mateo cumplió recientemente 24 años, es un gran ejemplo para su familia, y con cada una de las cosas que hace y las habilidades que ha desarrollado ha demostrado que los sueños si se cumplen, a quien le pregunta sobre su condición siempre le contesta: “Yo soy una persona especialmente normal”.

Tener un niño con síndrome de Down no es fácil, aseguran Bernardo y Lizeth, existen días buenos y malos, anécdotas, visitas al médico, a la familia, risas, preocupaciones, y pensamientos, muchos y profundos, todos condensados en la preocupación por darle siempre la mejor atención, por velar por su bienestar, “queremos que Mateo tenga una vida increíble, intensa, maravillosa y todo lo especial que podamos, queremos que su sonrisa, no se borre nunca de su rostro”.

 

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